Hoy particularmente me siento engañando a otros, como si tratara de vender una visión de lo que no es, de algo que siento que soy pero no me lo creo del todo.

Me siento como un vil impostor... Por eso quiero hacer un repaso rápido de los momentos en los que me he sentido igual y al final, era solo mi mente jugándome una mala pasada (dándome palo).

Mi segunda vez organizando un TEDx

Contexto: En 2024 me acerqué a un colegio en Armenia a venderles una visión de ciudad, de región, algo que siento que somos. Un visión que convierte este territorio en un valle de ideas, con una plataforma mundial para escucharlas. Un plan ambicioso, lo sé, y honestamente no me sentía con la capacidad de ser quien liderara esta iniciativa, tenía mucho miedo de no ser tomado en serio.

Resultado: El evento se hizo, el colegio quedó satisfecho con el resultado del evento y con ganas de hacer más (conmigo jugando como su aliado estratégico).

Mi intercambio en Brasil

Contexto: A finales del 2024 me postulé para un intercambio en Brasil… Me gané la convocatoria, y lo único que hice entre noviembre y febrero fue pensar en que la iba a embarrar, que haría quedar mal a mi universidad y eso me traería serios problemas.

Resultado: No contento con un semestre, terminé viviendo en Brasil por 9 meses, hice mi tercer TEDx en colaboración con la universidad brasileña y mi universidad terminó con un convenio bilateral nuevo, hasta salí en televisión nacional jajaja.

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Mis monólogos en Inminente Podcast

Contexto: Siempre hablar sobre lo que pienso o la experiencia que he adquirido con el tiempo es retador, ahí es donde el síndrome del impostor me da palo a más no poder. Pero tener un podcast como Inminente, no solo implica escuchar a los demás sino tener mi propia voz y opiniones. Cada vez que grabo un monólogo me siento como un culebrero, vendiendo humo.

Resultado: Uno de los episodios más escuchados del programa en toda su historia, es precisamente, un monólogo en el cual hablo sobre el hobbie que más amo, leer.

Y bueno, escribo esto para recordarme que el síndrome del impostor puede aparecer en cualquier momento y que, en lo personal, este ejercicio de reflexión me ayuda a reconocerme y a calmarlo.

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