En ese momento te dije que estaba parcialmente de acuerdo, porque creo en el poder de la manifestación —sobre todo porque lo que te dices es lo que eres—. Sin embargo, quiero compartirte mi reflexión personal al respecto, porque hoy me estoy haciendo cargo de muchos errores cometidos, y quizás esto complementa lo que ya te compartí.

Creo fielmente que, a veces, el calendario nos presiona más de la cuenta. Por eso, lo que te voy a decir, no viene con promesas de una “vida nueva”, sino con una confesión honesta sobre lo que, para mi en el hoy, sí cambia las cosas: hacerse cargo.

En el adagio popular, dicen que el primero de enero todo se reinicia. Incluso la canción más popular de la víspera (año nuevo - Billo’s Caracas Boys) dice: “año nuevo, vida nueva”, y continúa con, “más alegres los días serán”

Y es curioso cómo todos los agüeros de año nuevo giran en torno a eso: más viajes, más dinero, encontrar pareja, etc. Que cambiemos el número y también de piel. Que baste con poner “nuevo” al lado del año para que todo se vea distinto.

Entiendo la intención de la manifestación, pero la verdad es que el calendario no hace magia. Cambiar no ocurre cuando el reloj marca medianoche, sino cuando uno se cansa de repetirse la misma historia y decide cambiar la narrativa interior. Cuando una parte de ti, chiquita pero firme, dice: “ya”.

Hacerse cargo es eso: dejar de esperar señales divinas, dejar de culpar a la inercia, dejar de pensar que el universo conspira en contra. Es mirar lo que hay y tomar una decisión, porque manifestar no es solo decir, sino actuar coherentemente con lo dicho.

No todo cambiará de golpe, y no es necesario. A veces el primer paso es solo reconocer que el peso que llevas es tuyo, y que moverlo también lo es.

No es inspiración de principio de año. Es más bien esa lucidez silenciosa que llega un viernes cualquiera, cuando te das cuenta de que nadie va a venir a rescatarte, que lo que fue, ya pasó, que las oportunidades y personas perdidas no se repiten, pero igual te pones de pie y sabes que necesitas continuar.

Y ahí, justo en ese momento, empieza de verdad el cambio: cuando te haces cargo, con cariño y sin prisa, de aquello que debes mover.

Si algo de esto te llegó, o sientes que quieres hablar más al respecto, cuéntame.

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